Borja Iglesias, la voz a contracorriente de España en el Mundial
El delantero del Celta, el más veterano de la selección española, habla de paciencia, derechos humanos y lucha contra la homofobia camino al duelo con Uruguay.

Hay futbolistas que ocupan un lugar más allá del marcador. Borja Iglesias es uno de ellos. El delantero del Celta, el más veterano de la selección española, todavía no debutó en el Mundial, pero ya dejó claro de qué está hecho: "Me corto poco hablando", dice en una entrevista con la AFP.
España terminó su último entrenamiento en la Baylor School de Chattanooga antes de viajar a Guadalajara para enfrentar a Uruguay este viernes, en la tercera fecha del torneo. El 'Panda' Iglesias, de 33 años, busca su primer gol tras ocho partidos como internacional y saborea el Mundial aunque todavía no haya pisado el campo.
"La verdad es que no había llegado a verme ni a imaginarme aquí hasta estos meses previos al Mundial", confiesa.
La paciencia del que espera su momento
Su rol en este plantel exige otra clase de fortaleza. La de estar listo sin saber cuándo llega el llamado. "Es complejo convivir con esa paciencia, la sensación de participar o no en función del escenario", explica. "Obviamente es algo que no depende del jugador, entonces intento estar preparado sobre todo mentalmente, en cualquier momento me puede tocar".
A un reportaje lo definió como "un ovni del fútbol con las uñas pintadas", una etiqueta que él relativiza. "El futbolista en sí no es un estereotipo, hay muchísimos tipos de personas, de formas de entender nuestra profesión", sostiene. ¿Por qué lo perciben distinto? "Entiendo que es porque me corto poco hablando y a veces creo que tenemos mucho miedo a exponer lo que pensamos por la repercusión que pueda tener. Ha llegado un punto en el que me he dado cuenta que no pasa nada por demostrar lo que piensas".
Las causas que abraza
Iglesias no se proclama el delantero de todas las luchas, pero tampoco mira para otro lado. "Si veo algo que no me gusta o que creo que es injusto, sí que intento aportar algo desde mi punto de vista", afirma. Sus banderas son claras: "Siempre he defendido los derechos humanos, el respeto y la inclusión. Es lo mínimo que tenemos que tener".
El asesinato de George Floyd en Minneapolis, en 2020, lo llevó a pintarse las uñas de negro. No como reivindicación externa, aclara, sino como "una forma de tener una alerta física, visual". "Muchas veces tenemos pensamientos sexistas, machistas, racistas y homófobos preestablecidos. Servía para darte cuenta. Poco a poco vas construyendo la persona que quieres ser".
Disputar el Mundial en los Estados Unidos de Donald Trump tampoco lo deja indiferente. "Suceden cosas que no me gustan, pero también pasan en España", reflexiona. "Si sumamos para que no suceda, poco a poco irán mejorando. Me encantaría cambiar muchas más cosas, pero no es fácil".
Sobre la lucha contra la homofobia, su mensaje es directo: "Es la lucha por la inclusión, por entender que cada uno puede ser quien quiera ser. No digo nada raro, creo que debería ser lo normal".
Mientras espera su minuto en el campo, Borja Iglesias ya juega otro partido, uno que excede los noventa minutos. La pregunta es si Uruguay le abrirá la puerta para combinar ambas cosas.

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