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Irán·Mundial 2026

Irán vuelve a casa tras quedar eliminado en la fase de grupos

La selección iraní dejó su base en Tijuana después de un Mundial marcado por choques con funcionarios de EEUU y tres empates que la dejaron afuera. Sus hinchas, igual, dicen sentirse orgullosos.

Iran national football team fans in Asian Cup Qatar, in 2024. Iran vs Japan. Iran national football team supporters.
Redacción·Redacción FM La Redonda

La selección de Irán partió de México el martes y dejó su hogar mundialista en Tijuana tras un torneo marcado por desacuerdos reiterados con funcionarios de Estados Unidos, destellos de buen juego y, al final, la decepción de quedarse a las puertas de avanzar más allá de la fase de grupos. Los jugadores regresan a una patria que sigue atrapada en un conflicto no resuelto con Israel y Estados Unidos. Pero sus hinchas dicen que deberían sentirse orgullosos.

"Creo que, aunque perdieron, le dio a la gente una sensación de esperanza", dijo Mohammad Modarres, de 38 años, que viajó desde San Diego para despedir al equipo.

Desconsuelo por las oportunidades perdidas

Después de que sus tres partidos de la fase de grupos terminaran en empates, el futuro de Irán dependía de que Argelia o Austria ganaran su partido del sábado. Mientras miraban desde el vestíbulo de su hotel en Tijuana, el equipo estalló en festejo cuando Argelia se puso en ventaja en el tiempo de descuento.

"Nunca había visto una sala explotar así", contó Kimia Ranjbar, de 25 años, hincha de toda la vida del "Team Melli" que había manejado desde la zona de Los Ángeles. Pero minutos después Austria empató de nuevo el partido y dejó el vestíbulo en un silencio consternado.

Fue la última de muchas decepciones a lo largo del torneo, incluida aquella en la que un gol tardío de Shoja Khalilzadeh le había dado la ventaja a Irán en su último partido, contra Egipto, antes de que lo anularan por offside.

Ante circunstancias difíciles

Las distracciones abundaron fuera de la cancha antes y durante el torneo, empezando por las dudas sobre si a la selección siquiera se le permitiría jugar a la luz de la guerra de Irán con Estados Unidos e Israel. Después vinieron la solicitud denegada de Irán para trasladar sus partidos a México, la mudanza de su campamento base de Arizona a Tijuana y la negativa de Estados Unidos a darle visas a integrantes clave del cuerpo técnico iraní. Estados Unidos también rechazó el pedido de Irán de viajar dos días antes de sus partidos en Los Ángeles, aunque flexibilizó algunas restricciones para el último encuentro.

Durante una sesión informativa de seguridad del Mundial el lunes, el secretario de Seguridad Nacional, Markwayne Mullin, dijo a los periodistas que Estados Unidos había hecho varias concesiones para los viajes de Irán y reiteró que muchas de las personas que Irán solicitó originalmente que viajaran con el equipo estaban asociadas con la Guardia Revolucionaria de Irán. "Me alegra que ya terminaron y que no van a volver", afirmó Mullin, y añadió que "quizá cantó una o dos canciones o incluso bailó un bailecito de felicidad".

La FIFA no respondió a una solicitud de comentarios. En un comunicado a The Associated Press el lunes, el equipo iraní señaló que las declaraciones de Mullin mostraban una falta de compromiso con el derecho internacional y con los estándares básicos que se esperan de quien organiza un torneo global.

"El hecho de que celebre abiertamente la eliminación de Irán dice mucho más de él que de nuestro equipo. Refleja un nivel de mezquindad que ni siquiera puede tolerar la presencia de un equipo de fútbol compitiendo en el mayor escenario del mundo", indicó el equipo, que rechazó pedidos para entrevistar a jugadores y cuerpo técnico.

Antes de levantar campamento el martes, el equipo agradeció a México y a Tijuana por su "amabilidad", pero cuestionó el trato recibido en el torneo por parte de Estados Unidos. "Lo que vivimos fue una serie de decisiones, arreglos logísticos y circunstancias que socavaron el sentido de equidad, una impresión que solo se reforzó con los acontecimientos de la última jornada de nuestro grupo", sostuvo el equipo en un comunicado.

Los miembros de la diáspora iraní también estaban divididos sobre si apoyar al equipo implicaba un respaldo tácito al gobierno teocrático de Irán, al que muchos de ellos se oponen. Algunos querían mantener separadas la política y el deporte. "No ves a alguien gritándole a (la estrella del fútbol de Estados Unidos) Christian Pulisic por algo que haga Trump", señaló Modarres.

Aunque el equipo se pronunció contra las restricciones de viaje, evitó comentar directamente sobre la guerra. Pero no rehuyó destacar a las víctimas de un mortífero ataque con misiles contra una escuela primaria al inicio del conflicto. Los jugadores llevaron pines con el número "168" cuando aterrizaron por primera vez en México, en referencia a las personas, en su mayoría niños, que murieron en el ataque, que probablemente fue lanzado por Estados Unidos. Dejaron una nota en el vestuario del Estadio de Los Ángeles, en la que pedían paz "entre todas las naciones" y agregaron las etiquetas #168 y #minab, el nombre de la escuela.

Sherry Ghaemi, una iraní que vive en Los Ángeles, calificó esa postura a favor de las jóvenes víctimas como "honorable".

Se forjan nuevas amistades

En medio de la tensión, los jugadores intentaron concentrarse en el deporte. Hubo momentos destacados, como cuando el arquero Alireza Beiranvand hizo siete atajadas para que Bélgica no le pudiera convertir antes de igualar sin goles, y cuando Ramin Rezaeian marcó con el exterior de su botín para empatar contra Nueva Zelanda.

"Se van a casa no como perdedores, se van a casa como ganadores. Estamos orgullosos de ellos", dijo Ghaemi.

Conocer a algunos de los jugadores fue emocionante para Siavash Khosrowshahi, un iraní-estadounidense de 32 años que condujo desde Los Ángeles a Tijuana el domingo, un día después de que el equipo quedara eliminado. "Ha sido realmente duro y estresante", comentó Khosrowshahi sobre los meses desde que Estados Unidos e Israel iniciaron la guerra. Hubo momentos durante el conflicto en los que no pudo comunicarse con sus padres en Teherán, pero no el domingo, cuando llamó a su madre desde el hotel y la sorprendió poniéndole a Beiranvand al teléfono. "Es una fuente de felicidad para ella", comentó.

Iraníes y mexicanos también profundizaron un vínculo, ya que Tijuana abrazó al equipo durante toda su visita. "¡Irán, hermano, ya eres mexicano!", coreaban los hinchas en español cada vez que veían al equipo. "Irán se lleva lo mejor de nuestro país y de esta ciudad, que es la forma en que se recibe a los de fuera", dijo Arely Ramírez, una residente de Tijuana que se presentó el domingo en el hotel del equipo con la esperanza de conocer a algunos jugadores.

El sentimiento fue recíproco. El entrenador Amir Ghalenoei declaró el martes, a través de un intérprete antes de que el equipo iraní partiera hacia el aeropuerto: "Nos vamos de Tijuana hoy, pero nuestro corazón y nuestra alma se quedan acá".

El lunes, muchos jugadores aún se veían solemnes mientras pasaban sus últimas horas en México. Algunos firmaron los últimos autógrafos y posaron para fotos con hinchas, con sonrisas más apagadas que la semana anterior.

Pese a la decepción, algunos seguidores ya miraban hacia adelante. "Todo este año ha sido de malos acontecimientos, mala suerte tras mala suerte" para los iraníes, dijo Ranjbar. Pero la Copa Asiática se disputará dentro de seis meses, una nueva oportunidad para la selección, añadió. "Los estaré viendo jugar en esa".

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