Con el Mundial más global que nunca, a muchos hinchas les cuesta llegar
El Mundial 2026 sumó debutantes y una FIFA que buscó ampliarlo, pero prohibiciones de viaje, restricciones de entrada y rechazos de visas de Estados Unidos dejaron afuera a hinchas, periodistas y hasta personal del torneo.

MOSUL, Irak (AP). Durante años, Mustafa al Saadi y tres compañeros de trabajo del hospital viajaron juntos al extranjero para seguir a la selección de Irak. Cuando Irak se clasificó para su primer Mundial desde 1986, el primero en la vida de este técnico de laboratorio de 32 años del departamento de oncología del Hospital General de Mosul, planearon otro viaje. Pero apenas tres de los amigos subieron al avión.
La solicitud de visa de Al Saadi seguía pendiente mientras caminaba hacia el barrio Al Muthanna de Mosul para ver el partido de Irak contra Francia, mientras sus amigos entraban al estadio en Filadelfia, a casi 9.650 kilómetros de distancia. "Es una sensación muy triste ver a tus amigos cercanos presentes con la selección nacional en todos los países del mundo, pero yo no", dijo Al Saadi mientras bengalas rojas iluminaban el cielo nocturno cerca de los restos de la antigua muralla de Nínive. Intentó comunicarse con sus amigos durante el partido, pero las llamadas nunca entraron.
Durante décadas, la FIFA trabajó para hacer el Mundial más global. El torneo de 2026 reflejó ese esfuerzo con más claridad que nunca, con los debuts de Cabo Verde, Jordania, Uzbekistán y Curazao. Sin embargo, clasificarse no garantizaba que hinchas, periodistas, árbitros o incluso parte del personal del torneo pudieran entrar a los países coanfitriones, donde las políticas migratorias seguían siendo responsabilidad de los gobiernos nacionales.
Hinchas de alrededor de una cuarta parte de las naciones clasificadas enfrentaron prohibiciones de viaje, restricciones de entrada más estrictas o altas tasas de rechazo de visas de Estados Unidos. Las desigualdades sobre quién podía viajar se veían en las tribunas. En su partido a las afueras de Boston, Haití y Escocia volvieron a un Mundial por primera vez en décadas. Decenas de miles de hinchas escoceses con kilt marcharon por las calles en procesiones encabezadas por gaiteros. Según se informó, los que cantaban "Flower of Scotland" alcanzaron 125 decibeles, casi tan fuerte como el despegue de un avión a reacción cercano. En contraste, el himno de Haití, cuyos ciudadanos están sujetos a restricciones de viaje a Estados Unidos bajo el gobierno de Trump, se elevó desde un grupo mucho más chico de seguidores con banderas rojas y azules.
Para quienes no pudieron hacer el viaje, el torneo se vivió en zonas de aficionados en sus ciudades y en comunidades de la diáspora. En Mosul, cientos se juntaron bajo pantallas gigantes para ver el primer partido de Irak en un Mundial en cuatro décadas. En Brockton, Massachusetts, hogar de una de las mayores comunidades caboverdianas fuera de las islas, los seguidores llenaron restaurantes para el partido contra España antes de volcarse a las calles, donde estallaron fuegos artificiales mientras la gente se asomaba por las ventanillas de los autos agitando banderas. En una universidad de Dakar, seguidores senegaleses treparon a balcones y salientes de ventanas para ver el partido contra Francia.
Barreras más allá de la cancha
Antes de que empezara el torneo, el alto comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Türk, advirtió que las políticas migratorias de Estados Unidos podían minar el acceso al Mundial, y pidió "un replanteamiento masivo" de la aplicación de las normas para proteger "los derechos humanos y la dignidad humana".
Como parte de la ofensiva migratoria más amplia del gobierno de Trump, Estados Unidos empezó el año pasado a exigir a algunos visitantes de 50 países que depositaran fianzas de visa de hasta 15.000 dólares. Después de que la FIFA pidiera una exención, el gobierno eliminó ese requisito para los dueños de entradas del Mundial debidamente calificados de cinco países participantes: Argelia, Cabo Verde, Costa de Marfil, Senegal y Túnez. Aun así, los hinchas debían completar el proceso estándar de visa.
Los mundiales anteriores se apoyaron en sistemas de entrada específicos del torneo que facilitaron el viaje a muchos hinchas internacionales. A diferencia de Rusia y Qatar, los coanfitriones norteamericanos, por lo general, usaron sus sistemas migratorios existentes en lugar de crear permisos específicos para el torneo. Canadá exigió a muchos seguidores que hicieran su trámite a través del proceso estándar de visa de visitante, mientras que México siguió usando sus políticas de visa vigentes.
El periodista ghanés Prince Ayim Brown ahorró dinero, aceptó trabajos extra e incluso asistió a una capacitación en la embajada de Estados Unidos para reporteros que se preparaban para cubrir el torneo. Su solicitud de visa fue finalmente denegada por la misma embajada, sin explicación. "El Mundial es la cúspide del fútbol; todo periodista y todo aficionado al fútbol quiere estar ahí", expresó.
Un vocero del Departamento de Estado señaló que la lista final de equipos clasificados se conocía desde hacía meses, lo que daba tiempo a los hinchas que necesitaban visa para solicitarla. El departamento indicó que desplegó a más de 600 empleados consulares adicionales, puso a disposición millones de citas extra para visas y usó el programa FIFA PASS para priorizar las solicitudes relacionadas con el Mundial, manteniendo los mismos estándares de seguridad.
Sin poder obtener una visa de Estados Unidos este año, el vendedor de Dakar Assane Ly vio el debut de Senegal desde una zona de aficionados en la Universidad Cheikh Anta Diop, donde cientos coparon balcones y salientes con vista a una pantalla gigante. Extraña la posibilidad de generar lazos con hinchas de otros equipos en el crisol del torneo. "Se supone que el Mundial es un momento en el que la geopolítica queda en pausa, cuando el país anfitrión recibe a personas de todas las nacionalidades, colores de piel y religiones para reunirse y celebrar el fútbol", dijo.
Otra isla de Cabo Verde
Para las comunidades de la diáspora que pasaron décadas alentando a otros países, el torneo también ofreció algo nuevo: la chance de, por fin, alentar al propio. Cuando Cabo Verde empató sin goles con España, Jaysen Gonçalves estuvo ahí. Veterano de los dos Mundiales anteriores, compró entradas apenas Cabo Verde se clasificó. Sin embargo, dentro del estadio calculó que los hinchas de España superaban a los de Cabo Verde unos 9 a 1. "Se nota", dijo. "Eso es financiero".
De vuelta en Brockton, donde Gonçalves es dueño del restaurante Luanda junto con su madre, Amelia, la celebración fue muy distinta. Durante más de dos décadas, las reuniones para ver el Mundial ahí se habían llenado de camisetas de Portugal y Brasil, reflejo de los vínculos históricos, lingüísticos y familiares de Cabo Verde. "Este año, es todo Cabo Verde", contó Amelia Gonçalves.
Los chicos daban vueltas entre las mesas mientras los clientes equilibraban computadoras portátiles junto a platos de cachupa, el guiso nacional de Cabo Verde. Cuando Cabo Verde dejó a España sin goles, apareció el vino espumante. "Fue como si hubiéramos ganado el Mundial", comentó Gonçalves. Ver al arquero Vozinha lucirse con siete atajadas contra España la dejó demasiado emocionada como para dormir. "Eso significa que nos da mucha visibilidad ante el mundo. Ahora la gente puede vernos. 'Sí, hay un país, una isla, llamado Cabo Verde'", dijo.
"Ahora Mosul es una ciudad global"
La solicitud de visa estancada de Al Saadi cambió lo que imaginaba que iba a ser su Mundial. Dos amigos que recibieron visas ya habían viajado antes a Estados Unidos; uno incluso tiene familia allá. Al Saadi contó que seguía esperando una respuesta, sin explicación de por qué su solicitud, presentada un mes antes del Mundial, seguía pendiente. El proceso de visa puede requerir documentación, tarifas y entrevistas presenciales. Incluso llegar a esa etapa se había vuelto complicado después de que Estados Unidos suspendiera los servicios consulares rutinarios en Irak, lo que obligó a los solicitantes a buscar citas en otros lugares.
En lugar de sumarse a sus amigos en Filadelfia, ayudó a organizadores locales a armar la zona de aficionados en Al Muthanna. Ahí, un hombre con la camiseta blanca de Irak avanzaba entre la multitud sobre zancos. Adolescentes bailaban con banderas iraquíes colgadas sobre los hombros mientras reflectores barrían la plaza y la música resonaba entre los edificios. "Al tener este evento, trajimos el Mundial desde América, México y Canadá a la ciudad de Mosul. Ahora Mosul es una ciudad global", dijo.
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Willingham informó desde Boston, Salim desde Irbil, Irak, y Banchereau desde Dakar, Senegal. Los periodistas de AP Ope Adetayo en Lagos, Nigeria, y Edward Acquah en Accra, Ghana, contribuyeron con este reporteo.



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